EL ESTRÉS POSTRAUMÁTICO ENFERMA A LOS VENEZOLANOS

Dr. Luis José Uzcategui *

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Venezuela no está viviendo una transición política convencional; está atravesando un experimento de resistencia psíquica a escala nacional. Para inicios de este mes de febrero del año 2026 el ciudadano venezolano siente que está atrapado en una pinza emocional que determina que en su mente emerjen muchos de los indicadores que según los manuales técnicos hacen pensar en un Trastorno de Estrés Postraumático (TEPT) de tipo complejo y sistémico. Este TEPT complejo y sistémico no es un diagnóstico individual, es un reflejo de una sociedad expuesta a un trauma prolongado.

El TEPT no solo ocurre tras un evento único; ocurre cuando el sujeto está expuesto a un peligro mantenido al cual percibe o piensa que se complica y pareciese que no tiene solución y se caracteriza por los siguientes síntomas:

  • Hipervigilancia Extrema: El ciudadano ya no mira el clima; mira el Twitter (X), los programas de opinión y los movimientos del dólar. El sistema nervioso está en «alerta roja» las 24 horas, esperando el siguiente golpe o la siguiente amenaza o noticias incierta.
  • Flashbacks de la Escasez: Aunque se hable de «estabilización petrolera», cualquier rumor activa recuerdos intrusivos de los años de hambre y oscuridad.
  • Disociación y Apatía: Muchos venezolanos han dejado de sentir. Es el «embotamiento afectivo»: una anestesia emocional necesaria para no colapsar ante la incertidumbre.
  • Niebla Cognitiva: La dificultad para concentrarse en el trabajo o en los estudios. El cerebro prioriza la supervivencia (amígdala) sobre el pensamiento lógico (corteza prefrontal). Esa sensación de «niebla mental», tu cerebro está sobrecargado intentando predecir lo impredecible, y eso agota tus recursos cognitivos
  • Creencias Negativas Persistentes: «Nada va a cambiar», «Siempre estaremos bajo la bota de alguien»
  • Manifestación Física: Insomnio, taquicardia y una sensación de «nudo» permanente en el epigastrio, síntoma de un cortisol que no desciende debido a la amenaza o incertidumbre.

La Amígdala en Llamas: El costo de vivir en «Modo Supervivencia»

Desde una perspectiva clínica, los venezolanos que pisaron enero de 2026 no solo sufren de inflación económica, sino de inflación biológica. La incertidumbre es el enemigo número uno de la corteza prefrontal, el área cerebral encargada de la planificación, la toma de decisiones y la memoria de trabajo.

El secuestro de la amígdala cerebral: Ante la falta de un horizonte previsible, el cerebro activa el sistema de respuesta al estrés de forma ininterrumpida. El cortisol, diseñado para situaciones de peligro momentáneo, se vuelve tóxico cuando circula por meses o años.

«Tiempo Suspendido«. Para el venezolano, el tiempo ha dejado de ser una línea de progreso para convertirse en una «espera circular»: El tiempo se ha detenido. No hay un horizonte claro, solo una «espera circular» que transforma la esperanza en un estresor adicional

Erosión de la Memoria: El estrés crónico afecta el hipocampo, dificultando la retención de información nueva y provocando esa sensación de «olvido» o desorientación que muchos ciudadanos reportan hoy como parte de su cotidianidad.

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¿Cómo abordar y resolver el Trauma en tiempo real?
Como individuos y sociedad, no podemos esperar a que las etapas termine para empezar a sanar. El abordaje debe ser inmediato y desde el «micro-mundo»:

  • Validación de la Realidad: El primer paso es admitir: «No estoy loco, mi entorno es el que es caótico». Validar la ansiedad y el miedo como una respuesta lógica a un entorno muy traumático reduce la carga de culpa, confusión y pobre calidad de vida
  • Anclaje en el Presente: Chequea si vive en un presente nefasto a través de la aparición y mantenimiento en la memoria de hechos dolorosos o traumáticos, trae el pasado o recuerdos negativos al presente y también un futuro, convertido en fuente de catástrofe. Activa el ejercicio de «toma de tierra» (enfocarse en lo que puedo tocar y hacer hoy: mi trabajo, mi familia, mi salud física) es el único antídoto contra la rumiación política, económica, familiar, emocional.
  • Desintoxicación Informativa: Por ejemplo, en este enero convulso que paso, la sobreinformación y falsedad fue una forma de retraumatización. Es vital limitar el consumo de noticias a ventanas específicas de tiempo para permitir que el sistema nervioso se regule.
  • Recuperación de la Agencia: Aunque otros manejen los hilos macro, el ciudadano debe recuperar el control de su «hilo micro«. Tomar decisiones pequeñas pero autónomas ayuda a combatir la sensación de ser un objeto a la deriva.
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    Conclusión: La reconstrucción es mental.
    Venezuela puede recuperar su producción petrolera en meses y mejorar su economía pero la recuperación de la salud mental tomará meses y años. El estrés postraumático que hoy lacera a la población no se cura con decretos ni con cuentas; se cura devolviéndole al individuo su soberanía cognitiva.
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    El reto de este 2026 es que, mientras se negocia la estabilización y transición política, no perdamos la capacidad de ser humanos, de sentir esperanza sin que esta sea un castigo, y de vivir sin el dedo en el gatillo de la ansiedad.
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    No podemos controlar quién maneja las cuentas de la nación, pero somos los únicos responsables de quién maneja nuestra paz mental, nuestra propia “cuenta”. La reconstrucción de Venezuela empieza por un cerebro que se niega a ser asediado, derrotado, atropellado o invadido.

* Médico psiquiatra. Antropólogo. Académico

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