
Históricamente, la humanidad ha categorizado sus miedos en dos grandes grupos. Por un lado, los miedos ancestrales: la oscuridad de la noche, la hambruna, la enfermedad, la muerte o el movimiento telúrico. Por otro, los miedos coyunturales: la guerra, la represión o el colapso económico.
Sin embargo, estamos presenciando una mutación aterradora y sofisticada en la arquitectura del control social.
Las esferas del poder moderno han descubierto que la gestión deliberada de las crisis básicas —luz, comida, salud, seguridad, desastres— rinde dividendos políticos incalculables. Al sustentar y potenciar estas carencias, los gobiernos han logrado que los miedos ancestrales dejen de ser fatalidades de la naturaleza para convertirse en herramientas coyunturales de ingeniería social.
Cuando un apagón no es un accidente técnico, sino una decisión administrativa; cuando el plato vacío es el resultado de un control de distribución política; y cuando la ayuda tras un terremoto se condiciona a la lealtad, la sociedad entra en una nueva y peligrosa dimensión de la existencia.
La Mutación del Miedo: De la Fatalidad a la Intencionalidad
Para comprender la gravedad, es inteligente analizar cómo este cambio de paradigma altera la psique individual y el cerebro social. En la antigüedad, un terremoto era «mala suerte» o «ira divina»; la respuesta social era la solidaridad y la reconstrucción. En el modelo coyuntural moderno, un terremoto seguido de una falta de apoyo gubernamental o el abandono postcatástrofe, que se refiere a la posibilidad de que te dejaran morir entre los escombros, se convierte en una agresión inmensa que genera grandes miedos .
El planteamiento es novedoso y perverso: el poder no necesita invocar la guerra para aterrorizar. Solo necesita privatizar la catástrofe y administrar la escasez.
La Involución Neurobiológica: El Camino a la Parálisis Social
Profundizando en la gravedad, la exposición continua a esta forma de miedo coyuntural no provoca simple estrés o severos problemas de ansiedad, sino una lesión profunda y evolutiva en el individuo.
🧠 El Colapso de la Salud Mental: La Jaula de la Indefensión Aprendida
Desde un punto de vista evolutivo, el cerebro humano se adaptó para superar crisis y planificar el futuro. Pero cuando la crisis (el apagón, el hambre, la falta de atención en salud) es perpetuada deliberadamente por quien se supone debe resolverla, el cerebro entra en un bucle destructivo.
El resultado es la Indefensión Aprendida, un trastorno psicológico donde el individuo, tras fallar repetidamente en sus intentos por cambiar una situación dolorosa, deja de intentarlo incluso cuando hay oportunidades claras de escape. Evolutivamente, llegamos al punto donde el mecanismo de adaptación más sofisticado del hombre —la resolución de problemas— se apaga. La sociedad se convierte en un colectivo de apáticos hipervigilantes, incapaces de organizarse o protestar, centrados únicamente en la supervivencia del día a día.
🫀 La Erosión Sistémica del Cuerpo (Salud Física)
Fisiológicamente, el costo es que el organismo se mantiene en un modo continuo de «lucha o huida» (amígdala hiperactiva, corteza prefrontal deprimida), bombeando cortisol y adrenalina sin descanso.
La gravedad en salud es sistémica. La falta de sueño por apagones genera trastornos neurodegenerativos y metabólicos. La desnutrición coyuntural lesiona el sistema inmunológico y el desarrollo cognitivo en niños. La falta de asistencia médica convierte patologías tratables en sentencias de muerte crónicas. Evolutivamente, estamos creando poblaciones con una mutación somática hacia la fragilidad, donde el cuerpo se desgasta a una velocidad acelerada por la acción institucional.
La Desincronización del «Ahora Eterno»
Este análisis nos lleva a un planteamiento totalmente nuevo sobre el efecto del miedo en las sociedades modernas. El objetivo del poder al instrumentalizar miedos básicos no es solo la obediencia, sino la mutilación de la temporalidad social.
En las sociedades antiguas y premodernas, el miedo tenía un ciclo: llegaba la plaga, pasaba la plaga; había sequía, llegaba la lluvia. Había un pasado, un presente de crisis y un futuro de reconstrucción.
En las sociedades modernas donde el poder gestiona la crisis básica, se instaura el «Ahora Eterno de la Crisis». Al perpetuar la falta de luz, comida o médico, los gobiernos obligan a la población a vivir en un estado de emergencia perpetuo. Esta dessincronización temporal tiene un efecto paralizante:
Al no poder visualizar un futuro (porque no sabes si mañana habrá luz o comida), el individuo pierde la capacidad de proyectar, de ahorrar, de educarse o de rebelarse. Rebelarse requiere un futuro que valga la pena; el “Ahora Eterno de la Crisis” te obliga a gastar toda tu energía cognitiva y física en resolver cómo sobrevivir hoy. Es la mutilación del futuro como horizonte político y existencial.
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* Médico psiquiatra. Antropólogo. Académico
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