
El reciente anuncio conjunto entre Washington y Caracas sobre un acuerdo petrolero de escala histórica —encabezado por Donald Trump y Delcy Rodríguez— ha desatado un terremoto político, pero sobre todo un fenómeno psicológico colectivo en Venezuela: La ansiedad por ambigüedad.
Más que certezas económicas, el discurso ha dejado un vacío de información donde proliferan el desconcierto, la especulación y el agotamiento mental de una sociedad que intenta descifrar qué hay detrás de las palabras.
El lenguaje como arquitectura de la incertidumbre
El lenguaje no opera como una simple lista de etiquetas pegadas sobre los objetos ni transmite significado a través de piezas aisladas. Una palabra no significa nada por sí sola; adquiere sentido únicamente por su lugar dentro de un sistema más amplio de referencias, códigos compartidos y relaciones de poder.
Cuando los discursos políticos emiten conceptos de enorme peso simbólico como «soberanía», «alianza estratégica» o «acuerdo histórico» sin mostrar sus cláusulas, alcances o mecanismos reales, el sistema de referencias colapsa. La mente humana necesita predecir para regularse; al romperse la coherencia semántica, el lenguaje deja de comunicar y pasa a organizar estados de ansiedad. Refleja y amplifica las dimensiones más oscuras y complejas del inconsciente social: la sospecha de entrega, la sensación de engaño y el miedo a pactos tras bastidores. La ambigüedad no es neutral; es una forma activa de opacidad que paraliza la capacidad de proyectar el futuro.
Síntomas y riesgos para la salud
La ansiedad por ambigüedad genera un impacto directo en el bienestar integral del individuo:
- Manifestaciones cognitivas y emocionales: Rumiación constante (pensamientos circulares sobre escenarios catastróficos), irritabilidad, dificultad severa para concentrarse, hipervigilancia ante las redes sociales y fatiga decisional.
- Síntomas físicos: Cefaleas tensionales, trastornos del sueño (insomnio inicial o despertares frecuentes), opresión en el pecho, alteraciones gastrointestinales y contracturas musculares.
- Riesgos clínicos a largo plazo: El estado de alerta continuo eleva de forma crónica el cortisol y la adrenalina, lo que desgasta el sistema inmunológico, aumenta el riesgo de hipertensión arterial, trastornos de ansiedad generalizada y cuadros depresivos.
Riesgos para la estabilidad política de un país
Cuando la ambigüedad sustituye a la transparencia, el tejido social e institucional sufre fracturas profundas:
- Pérdida total de confianza y cinismo cívico: El ciudadano asume que todo discurso es una simulación, erosionando la legitimidad de cualquier actor o institución.
- Polarización reactiva e histeria colectiva: Al no existir datos verificables, el debate público se llena de rumores, teorías de conspiración y radicalizaciones emocionales sin sustento empírico.
- Parálisis económica y desmovilización social: La falta de reglas claras frena la inversión local y desarticula la participación ciudadana organizada, transformando la desesperanza aprendida en resignación o en estallidos de frustración imprevistos.
¿Qué puede hacer el ciudadano ante esta realidad?
Frente a un entorno comunicacional ambiguo y asfixiante, la respuesta no consiste en buscar certezas donde no las hay, sino en fortalecer el criterio personal y la higiene mental:
- Practicar la dieta informativa: Limitar el consumo compulsivo de noticias y redes sociales a momentos específicos del día para frenar la sobrecarga de estímulos no confirmados.
- Separar hecho de retórica: Distinguir entre lo que efectivamente se ha firmado/documentado y lo que constituye mera declaración verbal o propaganda política de ambas partes.
- Focalizarse en el círculo de control inmediato: Redirigir la energía hacia las finanzas personales, el bienestar familiar, el trabajo diario y las redes comunitarias directas, ámbitos donde las acciones individuales sí tienen impacto tangible.
- Construir espacios de diálogo reflexivo: Evitar reproducir cadenas o rumores y propiciar conversaciones basadas en la calma, la escucha y el análisis crítico compartido.
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* Médico psiquiatra. Antropólogo. Académico
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