Cómo la «política del deseo» y el huracán Trump tienen a Venezuela en un trance emocional

Dr. Luis José Uzcategui *

Vivimos en la era de la anestesia racional. Quien crea que el destino del mundo se decide en asambleas de mentes analíticas, con gráficos estadísticos y sopesando pros y contras, está viviendo en el siglo equivocado.

Hoy, la conducta colectiva no se mueve por lógica; se mueve por vibración, deseo y una visceral necesidad de pertenencia. La razón ha dejado de ser el timón para convertirse en una simple pasajera, rehén de una maquinaria global que se alimenta de activar nuestros afectos más profundos, nuestros miedos más oscuros y nuestras fantasías de redención.

En ningún lugar es esto tan evidente como en la compleja y magnética relación entre Donald Trump, el tablero geopolítico global y el eterno drama emocional de Venezuela.

La dictadura de los afectos: El declive del cerebro analítico

¿Por qué preferimos creer en relatos reconfortantes o radicalmente hostiles antes que en la fría realidad? La respuesta está en la psicología de masas contemporánea:

  • La estimulación del deseo: Las narrativas políticas ya no venden programas de gobierno detallados; venden identidad y salvación.
  • El secuestro de la amígdala cerebral: Los discursos que triunfan son aquellos que logran activar la indignación o la esperanza ciega. Si te hace sentir algo fuerte, entonces «es verdad».
  • La polarización como refugio: En un mundo hiperconectado y caótico, matizar cansa. Es mucho más fácil y placentero sumarse al coro de la devoción o del odio absoluto.

«La razón es una isla flotando en un océano de pasiones. Cuando la marea de los afectos sube, la isla simplemente desaparece».

El factor Trump: El gran catalizador del deseo colectivo

Donald Trump es, quizás, el mayor especialista contemporáneo en saltarse la aduana de la lógica para apelar directamente al estómago de las masas. Su narrativa no busca convencer con datos macroeconómicos aburridos; busca movilizar la fe, la revancha y la espectacularidad.

En el escenario global, y muy especialmente en su relación con Venezuela, esta dinámica alcanza niveles casi mitológicos.

El mito del «Salvador Externo»

Para una gran parte de la población venezolana, golpeada por años de desgaste político y económico, la figura de Trump no se analiza desde la fría diplomacia internacional. Se consume desde el deseo profundo de un desenlace. Trump representa el arquetipo del «mago» o el «guerrero» capaz de romper el statu quo con un golpe de fuerza o una declaración estruendosa. La esperanza de una solución mágica anula cualquier análisis racional sobre las verdaderas prioridades geopolíticas de la Casa Blanca.

La espectacularización del petróleo y la riqueza

Cuando Trump lanza frases sobre el petróleo venezolano o la riqueza futura del país, no está haciendo un balance de mercado. Está activando la fantasía colectiva del «dorado». El oyente no calcula la viabilidad de la infraestructura petrolera; simplemente experimenta el deseo de prosperidad instantánea.

Un mundo que siente primero y piensa después

Esta desconexión con la realidad factual explica por qué la opinión pública fluctúa tan rápido. Un día hay un optimismo desbordado ante una declaración en redes sociales, y al día siguiente, una profunda depresión colectiva ante el silencio de los micrófonos. No hay término medio porque el afecto no conoce de matices: o nos salva o nos destruye.

¿Hacia dónde nos lleva la marea?

Mientras la geopolítica real se juega en despachos cerrados entre intereses energéticos, deudas financieras y equilibrios de poder, la ciudadanía global sigue atrapada en la pantalla, reaccionando a estímulos emocionales.

Venezuela y su relación con el fenómeno Trump son el laboratorio perfecto de esta nueva era: una sociedad que, empujada por el cansancio y la incertidumbre, ha decidido que sentir y desear es mucho más llevadero que la dura y fría tarea de razonar.

La pregunta que queda flotando en el aire es: cuando la marea de las emociones baje y nos deje de nuevo en la orilla de la realidad, ¿qué herramientas nos quedarán para reconstruir lo que la pasión colectiva no pudo resolver?

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* Médico psiquiatra. Antropólogo. Académico

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