EL NEGOCIO DE LA FRUSTRACIÓN COLECTIVA: DOMINACIÓN Y EXPLOTACIÓN

Dr. Luis José Uzcátegui *

El colapso del modelo rentista tradicional en Venezuela no erradicó los hábitos de subordinación; más bien, transformó los canales a través de los cuales se ejerce el control. Hoy, una constelación de dirigentes políticos, asesores, analistas, influencers, líderes gremiales, representantes religiosos y opinadores ha consolidado un mecanismo silencioso de dominación: la explotación sistemática de la frustración colectiva para el beneficio económico, reputacional y de posicionamiento tanto individual como de pequeñas cúpulas.

Este fenómeno no es un accidente coyuntural, sino la manifestación de un proceso cultural más profundo caracterizado por la degradación del nivel político, el vaciamiento del análisis riguroso y la quiebra de la ética pública. Se trata de un indicador muy poderoso —cuya existencia se niega sistemáticamente y se califica de ofensiva al señalarse— sobre la dimensión mental de quienes fungen como “dirigentes” y “pensadores” en la Venezuela de 2026.

La degradación del criterio: el «rentismo narrativo»

La dominación contemporánea ya no requiere únicamente el control de los recursos materiales; ahora opera mediante la captura y manipulación de los estados emocionales de la población. En un entorno atravesado por la incertidumbre y el desgaste cotidiano, la crisis social ha sido convertida en un activo transaccional.

Bajo una fachada de sofisticación discursiva, tecnicismos cosméticos o consultorías de vitrina, proliferan planteamientos deliberadamente vagos, desprovistos de método, métricas o sustento programático. La improvisación y la falta de densidad analítica no son fallas técnicas involuntarias: constituyen una estrategia de supervivencia. Incluso, es posible afirmar que estos actores carecen de las facultades cognitivas y emocionales para operar de otra manera.

Al evitar compromisos verificables y evaluaciones de impacto reales, estos sujetos prolongan su vigencia administrando dosis calculadas de indignación y confrontación estéril para monetizar audiencias, captar financiamiento o justificar su intermediación corporativa.

Anatomía de la precariedad política y analítica

El actual ecosistema de intermediación política, asesoría y opinión digital responde a patrones estructurales de explotación psicosocial:

 Fatuidad e improvisación técnica: Respuestas viscerales y efectistas ante problemas de alta complejidad institucional y económica. Se sustituye la planificación rigurosa por el impacto inmediato, la opinión impulsiva, el tono prepotente y, al final, el descrédito y la burla colectiva.

 Secuestro ético por intereses de facción: El bienestar colectivo queda subordinado a los acuerdos tácticos de grupos minúsculos. El análisis crítico independiente se anula internamente, catalogando cualquier disenso ético o técnico como un ataque desestabilizador.

 Personalismo sin sustancia: La discusión pública se reduce al posicionamiento de figuras individuales y sus círculos de afinidad, desplazando la construcción de instituciones sólidas y perpetuando la desorientación del ciudadano.

Ruptura cultural: de la audiencia cautiva a la exigencia cívica

Superar este esquema extractivo requiere desarticular la complicidad cultural con la mediocridad discursiva. Mantenerse en una actitud de consumo pasivo frente a liderazgos y asesores de vitrina drena la energía social y consolida la subordinación ciudadana.

La reconstrucción de la sociedad venezolana exige elevar los estándares de juicio colectivo y someter todo discurso a tres filtros indispensables:

1. ¿Existe un método técnico verificable, con datos y metas operativas claras?

2. ¿Cuáles son los mecanismos éticos e independientes que auditan la procedencia de los recursos y las decisiones?

3. ¿A qué intereses corporativos o de grupo responde realmente la postura defendida?

La esfera pública no puede continuar siendo el escaparate privado de la improvisación y el beneficio particular.

La recuperación institucional comienza cuando la sociedad deja de premiar el espectáculo vacío y exige competencia técnica, rigor analítico y responsabilidad ética comprobable.

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* Médico psiquiatra. Antropólogo. Académico

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